La
Falsedad de Fondo de las demandas por Educación de Calidad.

Hace algún tiempo un académico se
hizo conocido por la frase "Se
acabó el recreo" y dada la experiencia adquirida escribí un artículo
denominado “Hagamos la Tarea”, pero
quisiera en este momento acotar algunos aspectos para hacer esa tarea, y no
distraernos en los cantos de sirena que algunos sin experiencia práctica plantean.
Todos los que tenemos alguna
experiencia en el ámbito universitario, en mi caso más de 20 años en
universidades públicas y privadas, hemos detectado los cambios socio culturales
en los alumnos de pre grado y en los denominados vespertinos, que no son otros
que adultos que trabajan y tienen por lo tanto otra mirada.
Por eso es sorprendente que se siga
planteando como la panacea el hecho de aplicar solo normas de procesos técnicos
a la enseñanza universitaria o superior, algo por lo demás que se aleja de su
naturaleza, para conseguir buenos resultados funcionales, es decir
empleabilidad como si fuera el fin último de una universidad.
Por lo tanto es válido preguntarse cómo
estos especialistas han caído en la trampa de la actividad, esto es la discusión
de los componentes técnicos del aprendizaje, olvidando los elementos más
profundos del desarrollo humano y que está relacionado con sus valores, mismos
que deben ser transmitidos por su núcleo cercano, llámese familia, tribu,
partido o congregación.
Quizás en este punto está el
problema, y del que nadie quiere hacerse cargo, ya que las actitudes y
conductas de los alumnos, independiente de la calificación de “vulnerable” que
se les dé, son muy diferentes por carrera e institución. Aquí podemos ver
reflejadas las expectativas del grupo familiar, que muchas veces les piden
abandonar sus estudios, y por lo tanto de ellos mismos, en el sentido de que
mas allá de las brechas entre el colegio en que estudiaron y el de los primeros
puntajes nacionales.
Finalmente la Teoría de la Profecía Auto
cumplida sigue dominando su mundo, esto se traduce en conductas poco académicas
como faltar a clases, copiar y pegar, copiar en clases, etc., algo así como un
colegio gigante donde no tienen responsabilidad ya que son otros los
involucrados.
En este sentido el sistema carece de
instrumentos, unidades o cargos encargados de verificar si ese alumno está
intentando aprender alguna profesión o solamente “capear” el temporal de las
expectativas de su familia.
Poco ayuda, en ese sentido, el
sistema de becas y beneficios si no son controlados. Por ejemplo que los
recursos de alimentación no sean utilizados en clubes o bares, cosa que sabemos
ocurre en forma sistemática, que las tarjetas de locomoción no sean traspasadas
a la familia para ahorrar en transporte, etc. Por muchos miles de millones que
el estado ponga a disposición no ocurrirán cambios significativos sin modificar
la base valorico-cultural de los beneficiados.
Este cambio es parte importante de la
negación de la familia, que en muchos casos ha transferido al Estado la
formación de sus hijos abandonando completamente su responsabilidad.
Si lo que buscamos es el bien social,
entonces debemos preguntarnos ¿Qué rol cumple la familia?. ¿Solo llevar al
estudiante al colegio para que pueda almorzar?, ¿Pedir educación superior (de carácter
técnico o instruccional) para que sea exitoso?, a pesar de que nunca entrego un
trabajo o fue a clases, ¿Qué rol jugaron los padres aparte de pedir que ingrese
a la universidad o tramitar un crédito?
Las preguntas anteriores pueden sonar
antojadizas pero tienen mucho que ver con las problemáticas universitarias
actuales. En términos concretos la mayoría de las universidades entregan una educación
de calidad técnica de pregrado similar, de hecho los profesores son los mismos,
por lo tanto la diferencia no está en el aula sino en la actitud del educando
que se ve limitado, en sus posibilidades reales de desarrollo, no por un apunte
más o menos sino por lo que esperan de él.
Si finalmente estamos hablando de educación
no debemos olvidar que estamos hablando de familia. La mal llamada
vulnerabilidad, discriminación, diferencia entre privadas y estatales solo ha
permitido demostrar que existen personas capaces de desarrollar una profesión y
otras que no.
Como decía el recreo no solo ha sido
largo, sino que ha dejado de cumplir su propósito, cual era tomar aire para
iniciar la nueva jornada. Esta jornada es responsabilidad principal de la
familia y no de instituciones externas a la vida de una persona que quiere
desarrollar sus sueños.
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